-Cuerpo Zurcido- by Josefina Concha
Esta artista Chilena trabaja y cuestiona la superficie como material para ser intervenido. En vez de pintar, cose y con esto explora las cualidades del hilo, recreando los gestos que van desde la saturación de la materia hasta la síntesis de la línea.
“El trabajo se aventura entre el acercamiento y el distanciamiento a la pintura. Acercamiento por la intención de simularla y distanciamiento por la voluntad de reemplazarla” J.Concha.
CuerpoZurcido
by Teresita Raffray L. (Licenciada en Artes Visuales )
La Naturaleza es fuente primordial de inspiración: la exhuberancia del color y la forma, la fragilidad de la materia viva, la riqueza visual y simbólica de sus elementos, su similitud con el propio cuerpo, asombran constantemente el ojo del artista.
En este resplandor de la forma, que se expande por toda la materia que la recibe y a la cual determina, surge el goce de lo bello.
Josefina Concha nunca deja de imbuirse de las formas de las cuales se rodea, y su aproximación a la Naturaleza consiste en esta experiencia estética que la lleva a elaborar un discurso visual, que rápidamente traspasa los límites de la representación.
Distanciándose primero del objeto representado, el soporte y materialidad misma de la obra son transformados para explorar nuevos recursos, llamados metapictóricos.
En lugar de aplicar pintura con un pincel sobre una superficie, Josefina cose sobre la tela con hilo, usándolo como un lápiz que dibuja, achura, compone y define planos, levanta relieves, derrama aguadas, logrando de esta manera una simulación de la práctica pictórica sin tener que recurrir a ella.
Sin olvidar esta conexión con la pintura, su trabajo busca transformar una tela sencilla, liberada del bastidor, en un objeto volumétrico cosido en su totalidad, como una manera de llevar el soporte de la obra a un mayor grado de expresión.
Las manos que cosen no buscan controlar las formas que nacen de su labor, sino velar, con el cuidado de un jardinero, por su crecimiento pausado a través del zurcido, dejándose guiar por la aparición del azar.
La acumulación y saturación del hilo va construyendo un relieve y luego un volumen que da cuerpo a la tela: a partir de materiales blandos, se generan formas rígidas. Del zurcido repetido constantemente, nace la tridimensionalidad. De estas tramas superpuestas, nace también el color. El hilo se mezcla con otro hilo, que se une a su vez a la tela, generando las combinaciones cromáticas de la obra. Los matices son infinitos; el trabajo del hacer de las manos, el contacto sensorio con el material, las largas horas de taller resultan en meditaciones.
En cuanto a las imágenes, el hilo de coser las compone, evocadoras e indefinidas, alejadas ya de la Naturaleza que las inspira, visibles mediante la superposición de tramas de hilo, el tratamiento del color y las mezclas ópticas que se generan cuidadosamente, costura tras costura.
Como las capas de una cebolla, con la sutileza colorida de las materias orgánicas, estos trabajos metapictóricos nos llevan al mundo de aquello que está vivo.
Objetos cosidos, que salen del formato cuadro para volverse volumétricos, como si su verdadera naturaleza orgánica los impulsara a nacer, crecer, florecer y luego morir. Colgados a la pared del espacio de exhibición, son sujetos a la gravedad que les otorga el peso y movimiento de obras textiles, como naturalezas muertas convertidas en tapices contemporáneos.
Como los animales muertos de caza que se cuelgan del muro, las composiciones de Josefina descansan hacia el suelo, sugiriendo que todo cuerpo vivo es efímero, incluyendo el nuestro. Mientras tanto, queda todo lo que es bello por contemplar.
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